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De épicas y epopeyas teatrales formoseñas.

Por Carlos Fernando Leyes

Una epopeya teatral

Era el verano del 2006, y el termómetro nos contaba que Formosa transitaba plácida por los 45 grados, asustando mortalmente a los porteños que nos visitaban entonces, directores, técnicos y asesores, del Teatro Nacional Cervantes. En nuestra provincia, se ponía en marcha el programa Temporada de Proyección de la emblemática institución de las artes escénicas nacionales, merced al trabajo denodado de nuestro Subsecretario de Cultura, que cantó “primero”, y al apoyo de un gobierno provincial que siempre tuvo y tiene a la cultura como una cuestión de estado.

El Cervantes había diseñado para la temporada 2006, una programación de amplio carácter federal, la cual daba comienzo en abril con el estreno de “Barranca abajo” de Florencio Sánchez con dirección del premiado Luis Romero, y escenografía y vestuario de Marcelo Valiente.

El elenco que interpretaría este clásico del teatro rioplatense de principios del siglo XX –se estrenó precisamente en 1905, el mismo año que Los muertos y En familia, otras dos principales obras de la producción dramática de Sánchez– resultó de las audiciones que el Teatro Nacional Cervantes realizó en febrero de ese año, en la capital formoseña, y tuvo una respuesta excelente. Superando el número de cincuenta, los actores que se presentaron, provinieron de todas las latitudes de la provincia. De la selección resultaron trece actores: Carlos Leyes, Sandra Ocampo, Marcela Delturco, Florencia Genes, Teddy Durán, Juan Vergara, Lázaro Mareco, Alejandro Beck, Guillermo Karpiel, Manuel Benítez, Gisela Barreto, Yanina Godoy y Sergio Olazar. Se sumarían también en la técnica Laura Magallanes como asistente de dirección, y Hugo Albariño en iluminación.

La obra, se estrenó el 6 de mayo de ese año en el Teatro de la Ciudad, viajó por las provincias de Chaco, Corrientes y Formosa, y luego, aterrizó en julio en Buenos Aires, para ser exhibida en la sala Orestes Caviglia, de esa respetada casa del teatro nacional. Diría La Prensa en su edición del 17/07/06: “La obra primero tuvo su estreno provincial y se trajo a Buenos Aires para hacer lamentablemente sólo cuatro únicas funciones. La propuesta en este caso no deja de ser una lástima, porque el trabajo visto en la sala Orestes Caviglia del Cervantes, permite observar no solo una gran labor de equipo, también una lectura comprometida, e inteligente del director Luis Romero que supo dirigir con maestría a un elenco de una magnífica solidez interpretativa.”

Ya el 19 de mayo anterior, el suplemento Espectáculos del diario Clarín, ponía en su tapa al elenco formoseño, mostrando nuestra hermosa costanera e imponente río, bajo el título de “Una epopeya en escena”, y en su interior, titulaba “El Cervantes en Formosa. Épica teatral en el monte”. Nunca me quedó muy claro si los diarios porteños –que se “sorprendían” del rigor del arte formoseño, es justo señalarlo– hablaban de “epopeyas” y de “épicas”, para caracterizar sus aventuras en tierras de frontera –realizando notas bajo extremas temperaturas y hasta criticando al tereré-, o se referían a los conflictos sociales que las familias afrontaban en épocas de Florencio Sánchez. Precisamente el autor uruguayo, fue uno de los escritores rioplatenses que mejor expresó el desarrollo de estas crisis sufridas por las familias de ambas orillas, a principios del siglo XX. Sí, ese Centenario del que tanto conservador nos habla para graficar una Argentina supuestamente “granero del mundo” y en crecimiento sostenido –cualquier semejanza con la realidad es pura realidad– que mostraba transformaciones con precarización laboral, la relación del hombre con el campo, del gaucho con los terratenientes y con la justicia. Sánchez, en su obra “En familia” nos mostró la descomposición económica, social y afectiva de una familia citadina, y en “Barranca abajo” desnuda el mismo tema, en un ambiente rural.

Fue un orgullo contar esa historia, haciendo del teatro ese testigo de los tiempos, que siempre cobra vigencia, desde nuestra sencillez, sin estridencias ni heroicos titulares. Porque por otro lado, si de epopeyas o épicas se tratase, en Formosa, tenemos mucho por recordar.

La verdadera épica del monte

Menos de un año antes de nuestro estreno de “Barranca abajo”, el 22 de septiembre de 2005, dábamos inicio a la Fiesta Provincial del Teatro de Formosa, en Homenaje a Don Victorio Savloff, en el Teatro de la Ciudad. Ya el año anterior, habíamos distinguido a Margarita Diez, y esa vez, le correspondía al interior. Esa tarde plácida de primavera, Victorio, con sus 85 años (cumpliría 86 en diciembre, y luego se iría de gira por el cielo el 7 de mayo del 2006 –en plenas funciones de “Barranca…”- ) recibía un diploma y recordaba su llegada a Formosa en 1939, y a su amado Pirané, en 1947. Venía de Buenos Aires, a sumar su épica a la de tantos que construían día a día ese Territorio que pedía ser Provincia con una voz cada vez más alta.

En aquél entonces, los vientos eran favorables para lograr ese sueño. Nuestro país era gobernado por el presidente Juan Domingo Perón, y los derechos de la cultura, de los trabajadores y de las mujeres, comenzaban un período de tutelaje inédito en la historia de nuestra Patria. Eva Perón encabezaba la lucha por la sanción de la Ley del voto femenino, la que se lograría en septiembre de 1947, y dos años después tendríamos la revolucionaria Constitución de 1949, abolida años más tarde para regresar a la versión liberal de 1953.  Años duros para la humanidad en guerra, pero de esperanza e inclusión para la Argentina.

Don Victorio en ese tiempo en Pirané, llegaba con una valija llena de proyectos e ideas, con el arte escénico quemándole las venas y el corazón. Había conocido en Buenos Aires, al Teatro del Pueblo de Leónidas Barletta (emblema aún hoy del teatro independiente), y se encontraba con Luis Alderete, un pintoresco personaje santafesino, que con grandes dotes de liderazgo, y vocación por la magia, la pintura, la dirección y la actuación, había fundado el grupo teatral “Los sembradores”. Esa dupla explosiva, creaba el grupo “Teatro del pueblo”, para acercar el teatro a la comunidad piranense, que ya disfrutaba desde el 42 de las representaciones a las que Alderete la tenía habituada.

Nos cuentan las profesoras Gorleri y Budiño en su libro “Formosa en escena – Historia del Teatro en Formosa (1945-192)- Volumen 1”, que Savloff refería que se ofrecían en Pirané obras vistas por él en Buenos Aires, “con la convicción de q           ue no debía subestimarse al público”, por más que éste viviese en un pueblo. El grupo montó obras de Florencio Sánchez, como ser “M’hijo el dotor”, “Los muertos”, y la mismísima “Barranca abajo”, que se re estrenaría en Formosa el mismo año de la partida de Victorio.

Nuestro querido drama rural en tres actos, fue representado en Pirané entre 1948 y 1953, por el elenco del Teatro del Pueblo, dirigido por Luis Alderete, según lo relataba el mismo Savloff[1]. Una de tantas obras, muchas de las cuales co dirigieron los amigos.

Dos postales, dos épocas, un denominador común

Ese 22 de septiembre de 2005, Don Victorio escuchó su nombre en los micrófonos del teatro, y como su cuerpo cansado ya no saltaba sobre los escenarios, se puso de pie, al lado de su butaca, y recibió con hidalguía el premio que el Gobierno le entregaba por su aporte al teatro y a la cultura formoseña. Se puso de pie y quizás se le escapó un lagrimón, ya no lo recuerdo bien. Tomó el micrófono y con voz de actor de mil batallas, nos habló de épicas y de epopeyas, pero no les puso nombre. Y no lo hizo porque Don Savloff, de Pirané, era un hombre sencillo, de campo, como el Zoilo de su amada Barranca abajo. Y agradeció, y recordó al público que tanto aplaudió su trabajo, y se encomendó a la Formosa profunda, como siempre lo hizo desde su partida de la lejana y fría Buenos Aires.

Victorio sabía de trabajar para el pueblo, era su vocación. Y estaba feliz, no sólo por ese reconocimiento oportuno, sino además porque como en aquel distante 1948, pronto regresaría una obra de Florencio Sánchez a las tablas formoseñas, dando testimonio de que la gente pobre, la gente de campo, tiene la dignidad de ese Don Zoilo de la obra, que pierde todo en manos de los inescrupulosos de siempre, pero que no se deja robar los principios. En ambos estrenos, nuestro país priorizaba las políticas culturales, priorizaba al ser humano. Estaba en el centro, y no había Zoilos sin esperanza. Pudo ver una Formosa pujante, orgullosa de sí misma, donde las epopeyas son colectivas, y donde nadie se rinde. Donde la épica se edifica día a día, con todos dentro, con el brazo tendido y la sonrisa franca.

Gracias Don Victorio, por la fe, por el teatro, por ser otro de nuestros guías, en esta tarea de ser dignos herederos de nuestra rica historia.

Que nos sigue quedando mucho por hacer.

BIBLIOGRAFÍA:

 

–Gorleri, María Ester / Budiño Marisa Estela. Formosa en escena. Historia del Teatro en Formosa (1915-1962). Volumen 1. Buenos Aires 2013. Editorial Biblos.
–Notas periodísticas Diarios La Prensa y Clarín de 2006.

–Prensa de Gobierno, página oficial.


[1] Fuente: Obra citada “Formosa en escena”.

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